Lunes – 08:57. Miami hierve y yo estoy helada de nervios. “Seguro me pillan en algo que no sé”, susurra la guata. La puerta se abre. Entro igual.
Nunca le puse nombre a esa sensación de no dar el ancho. La vi mirando hacia atrás: Oportunidades que no tomé por sentirme “insuficiente”; felicitaciones que me daban vergüenza; el “gracias” que se ahogaba en explicaciones que borraban mi mérito. El quiebre vino mentoreando mujeres: Me vi en sus espejos, mismas dudas, mismo impulso de pedir perdón por brillar, la tiranía de tener que hacer todo perfecto para sentirme valiosa. Investigando entendí la voz crítica: nos empujó lejos, sí, pero con freno de mano, “cuidándonos” de la exposición por si el mundo descubría “el fraude”.
La impostora se disfraza de buena ciudadana. A veces llega con tacos y prolijidad y me susurra editar otra vez el “final_definitivo_v7”. O me convence de que todo fue suerte. O me organiza una agenda impecable, pero con cero entregable (aún no termino la versión final) . Se alimenta de comparar mi versión backstage con el highlight ajeno y me dice, “mira que bien le va a ella, tú no eres capaz de …”
Las secuelas cuestan: Baja mi voz cuando la sala necesita ideas, me roba las celebraciones de lo logros porque “no es para tanto, con tu deber cumples” .También apaga la innovación por autocensura: “¿lo digo o no lo digo?”. Minutos después, alguien lo dice y pienso: “era mi idea, ¿por qué no hablé?”.
Con mi socia, Marcela Donetch, decidimos hackearla…
Cambié perfección por excelencia: Definir qué hace valioso el trabajo, poner fecha, entregar y aprender. Cierro. Envío. Evalúo. Siguiente. Ajusté mi diálogo interno: Me hablo como a una amiga que admiro con claridad, cariño y exigencia justa. Y entrené el cuerpo: Respiraciones lentas, pies firmes, hombros sueltos, mirada estable. El cuerpo avisa a la mente: “Estamos listas”.
La comparación quedó puertas adentro: Mido mi avance con mi propia línea de tiempo. Y practico el blufeo responsable: mostrar hoy a la profesional en la que me estoy convirtiendo y sostenerlo con acciones, postura y consistencia. No es humo; es atreverme a ser la de 3 meses más ¡hoy
La gran pegunta que todas me hacen: ¿Se va la impostora? Y la verdad es que no, la sigo escuchando, pero ahora viaja atrás. Si quiere venirse adelante, le pongo música y la distraigo con la respiración. Mientras tanto, conduzco yo. Con voz. Con cuerpo. Con dirección.
Si estás leyendo esto desde la duda, te propongo un pacto de 24 horas:
• Pide esa reunión para hacer redes, proponle ser tu sponsor.
• Postula a esa oportunidad que te estira medio metro.
• Publica, envía email, muestra tus logros sin vergüenza.
• Escribe tres hechos que muestran que ya lo has hecho antes. Léelos en voz alta.
Jamás estarás preparada para asumir un desafío, si así fuera, no sería un desafío. Lánzate y prepárate en el camino. La impostora se calma cuando te ve en movimiento.
Carolina Vega Sánchez
Socia y Cofundadora Acepta Consultora.
IG: @carovegassanchez








